Duarte habla, Veracruz tiembla
Cuando el gobernador Javier Duarte de Ochoa dice que al estado le va muy bien y que las finanzas son sanas y transparentes, los veracruzanos nos comenzamos a preocupar en saber por donde —por enésima vez— nos va a llegar el fregadazo.
 
Si Duarte hace uso de un doble lenguaje o si da línea, o no, a su servidumbre política —la del palacio y la del Congreso—, no nos preocupa y menos nos extraña. Es ese su sello.
 
Lo importante es saber leerlo. Cuando dice que sí, es no, y cuando dice no, es sí. Es un gobernador contradictorio. Su tercer informe lo resumió en una frase: “Las cosas bien hechas”. Y entonces todos los veracruzanos entendimos: las cosas están mal hechas.
 
Si Duarte está optimista, hay que voltear al cielo y ver si no viene una tormenta. Si dice que Veracruz se desarrolla a mayor ritmo que el país en general, quiere decir que ya nos llevó el diablo. Si presume que venció a la inseguridad, entonces nos ponemos a contar el número de ejecutados que hay día a día en toda la entidad. Así de kafkiano es el gobernador.
 
Cuando Javier Duarte habla de pulcritud en el manejo de los recursos públicos, es que el derroche está en toda su expresión. Y si dice que no habrá más impuestos, agarrémonos los bolsillos porque ya estuvo que nos pasó a arder.
 
Ahora el debate se centra en los impuestos que afirmaba el gobernador que no se incrementarían ni que se crearían nuevos gravámenes, pero que en sus propuestas al Código Hacendario y a las normas fiscales advierten que los veracruzanos tendrán que pagar más.
 
Julen Rementería del Puerto, coordinador de los diputados locales del Partido Acción Nacional, ha venido dando la voz de alerta sobre el juego encubierto del gobierno priista para sacar recursos de donde sea. “Es un doble discurso”, dice en referencia a Javier Duarte. Ofrece el gobernador que no habrá nuevos impuestos y termina haciendo lo contrario.
 
Es falta de coherencia, acusa Rementería, entre lo que se dice y lo que se hace. Recuerda que la deuda de Veracruz es de 76 mil millones de pesos, no 40 mil millones, como afirma el gobernador.
Esas son las incongruencias del gobernador Duarte. El discurso no coincide con la realidad. Es decir, el aparato publicitario oficial hace su chamba, lo vende como un gobernante con compromiso con las mayorías y luego, cuando crea o ajusta las leyes, revienta al pueblo. Por eso no se le cree.
 
En los hechos está ocurriendo. Duarte propone que algunos impuestos aumenten su base tributaria. El impuesto del 2 por ciento a la nómina de las empresas, ahora será de 3 por ciento. Y eso repercute en el que invierte, que así comienza a explorar otras entidades del país donde no lo apuñalen como lo hace el gobierno de Veracruz.
 
Otro ejemplo es el del impuesto a las rifas y sorteos. Gracias al genio financiero de Duarte pagará impuesto el que realiza el sorteo, en base a sus ingresos, y el que gana el premio. Y el diputado Rementería se pregunta si alguien que gana un automóvil, pagará con una puerta, las ventanas, un lavabo o un excusado.
 
Uno más es la restricción a los contratistas y proveedores del gobierno de Veracruz, a los que se les cerrará la puerta si no están al corriente en su pago de impuestos. “Eso podría privilegiar a las empresas foráneas”, replica Rementería.
 
La desesperación del gobierno duartista es palpable. Quiere sacar dinero de donde sea, de los que ya pagan impuestos, de los que ahora tendrán que ser contribuyentes, de los contadores de las empresas que serán obligados solidarios.
 
La ineficiencia financiera de Javier Duarte se mide en varias líneas. Carece de recursos porque gran cantidad de sus ingresos se van en pago de bursatilizaciones y de créditos bancarios, producto de la deuda generada por el gobierno de Fidel Herrera Beltrán, y la otra por el derroche en elecciones comprando el voto y en los negocios de los funcionarios.
 
La embestida del diputado Rementería le ha valido el contraataque de los priistas. Uno de ellos, Tonatiuh Pola Estrada, ex conductor de noticiarios de Telever, no justificó ni argumentó a favor de esa trampa fiscal urdida por Javier Duarte, pero sí recordó que el legislador panista, en su anterior incursión en la LIX Legislatura, fue proclive al incremento de impuestos.
 
Con gran esmero, el aparato de gobierno difundió las palabras de Julen Rementería, invocadas por el diputado Pola: “que si queríamos servicios de primera, los ciudadanos teníamos que pagar por ellos y que no se valía venir a decir que no queremos pagar nada y queremos vivir como en el primer mundo.
 
Tenemos que traer a este país a la realidad y nuestra realidad tiene que ver con la realidad que se vive en el mundo. No podemos abstraernos de ella”.
 
Descalificar al crítico es una máxima en Javier Duarte, pues supone que así sus errores se ven menos. O que enlodando a quienes le descubren sus enjuagues, modifica la opinión pública en contra.
Julen Rementería, en todo caso, es proclive a los impuestos, pero lo dice de frente. Duarte, en cambio, usa el doble lenguaje para engañar.
 
Entre los mismos priistas hay división de criterios. Ricardo Ahued Bardahuil es quizá el único congruente. Advierte que no votará en forma automática ni con la línea del PRI. Dice que nadie le da línea y que si tiene que ir contra su partido, como ya ocurrió cuando era diputado federal, lo hará.
 
Otras, como la diputada por Cosoleacaque, Gladys Merlín Castro, también muestran el cobre. Dice que no hay tal incremento de impuestos y que las modificaciones fiscales no le afectarán al pueblo, a los municipios o al gobierno estatal. Lo que pasa, dice la legisladora, es que los diputados del PAN no saben leer y confunden a la sociedad. Así de cerebral.
 
Muy pobre la argumentación de  los priistas, hasta ahora en nada han vulnerado la argumentación de Julen Rementería: el gobernador Javier Duarte trae un doble discurso; dice que no habrá más impuestos y envía leyes donde se incrementa la tributación, y es evidente la desesperación por sacar de dinero de donde sea, y si es del pueblo, mejor.
 
Roberto Morales Ayala
Zona Franca
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Duarte habla, Veracruz tiembla
miércoles, 11 de diciembre de 2013
Cuando el gobernador Javier Duarte de Ochoa dice que al estado le va muy bien y que las finanzas son sanas y transparentes, los veracruzanos nos comenzamos a preocupar en saber por donde —por enésima vez— nos va a llegar el fregadazo.
 
Si Duarte hace uso de un doble lenguaje o si da línea, o no, a su servidumbre política —la del palacio y la del Congreso—, no nos preocupa y menos nos extraña. Es ese su sello.
 
Lo importante es saber leerlo. Cuando dice que sí, es no, y cuando dice no, es sí. Es un gobernador contradictorio. Su tercer informe lo resumió en una frase: “Las cosas bien hechas”. Y entonces todos los veracruzanos entendimos: las cosas están mal hechas.
 
Si Duarte está optimista, hay que voltear al cielo y ver si no viene una tormenta. Si dice que Veracruz se desarrolla a mayor ritmo que el país en general, quiere decir que ya nos llevó el diablo. Si presume que venció a la inseguridad, entonces nos ponemos a contar el número de ejecutados que hay día a día en toda la entidad. Así de kafkiano es el gobernador.
 
Cuando Javier Duarte habla de pulcritud en el manejo de los recursos públicos, es que el derroche está en toda su expresión. Y si dice que no habrá más impuestos, agarrémonos los bolsillos porque ya estuvo que nos pasó a arder.
 
Ahora el debate se centra en los impuestos que afirmaba el gobernador que no se incrementarían ni que se crearían nuevos gravámenes, pero que en sus propuestas al Código Hacendario y a las normas fiscales advierten que los veracruzanos tendrán que pagar más.
 
Julen Rementería del Puerto, coordinador de los diputados locales del Partido Acción Nacional, ha venido dando la voz de alerta sobre el juego encubierto del gobierno priista para sacar recursos de donde sea. “Es un doble discurso”, dice en referencia a Javier Duarte. Ofrece el gobernador que no habrá nuevos impuestos y termina haciendo lo contrario.
 
Es falta de coherencia, acusa Rementería, entre lo que se dice y lo que se hace. Recuerda que la deuda de Veracruz es de 76 mil millones de pesos, no 40 mil millones, como afirma el gobernador.
Esas son las incongruencias del gobernador Duarte. El discurso no coincide con la realidad. Es decir, el aparato publicitario oficial hace su chamba, lo vende como un gobernante con compromiso con las mayorías y luego, cuando crea o ajusta las leyes, revienta al pueblo. Por eso no se le cree.
 
En los hechos está ocurriendo. Duarte propone que algunos impuestos aumenten su base tributaria. El impuesto del 2 por ciento a la nómina de las empresas, ahora será de 3 por ciento. Y eso repercute en el que invierte, que así comienza a explorar otras entidades del país donde no lo apuñalen como lo hace el gobierno de Veracruz.
 
Otro ejemplo es el del impuesto a las rifas y sorteos. Gracias al genio financiero de Duarte pagará impuesto el que realiza el sorteo, en base a sus ingresos, y el que gana el premio. Y el diputado Rementería se pregunta si alguien que gana un automóvil, pagará con una puerta, las ventanas, un lavabo o un excusado.
 
Uno más es la restricción a los contratistas y proveedores del gobierno de Veracruz, a los que se les cerrará la puerta si no están al corriente en su pago de impuestos. “Eso podría privilegiar a las empresas foráneas”, replica Rementería.
 
La desesperación del gobierno duartista es palpable. Quiere sacar dinero de donde sea, de los que ya pagan impuestos, de los que ahora tendrán que ser contribuyentes, de los contadores de las empresas que serán obligados solidarios.
 
La ineficiencia financiera de Javier Duarte se mide en varias líneas. Carece de recursos porque gran cantidad de sus ingresos se van en pago de bursatilizaciones y de créditos bancarios, producto de la deuda generada por el gobierno de Fidel Herrera Beltrán, y la otra por el derroche en elecciones comprando el voto y en los negocios de los funcionarios.
 
La embestida del diputado Rementería le ha valido el contraataque de los priistas. Uno de ellos, Tonatiuh Pola Estrada, ex conductor de noticiarios de Telever, no justificó ni argumentó a favor de esa trampa fiscal urdida por Javier Duarte, pero sí recordó que el legislador panista, en su anterior incursión en la LIX Legislatura, fue proclive al incremento de impuestos.
 
Con gran esmero, el aparato de gobierno difundió las palabras de Julen Rementería, invocadas por el diputado Pola: “que si queríamos servicios de primera, los ciudadanos teníamos que pagar por ellos y que no se valía venir a decir que no queremos pagar nada y queremos vivir como en el primer mundo.
 
Tenemos que traer a este país a la realidad y nuestra realidad tiene que ver con la realidad que se vive en el mundo. No podemos abstraernos de ella”.
 
Descalificar al crítico es una máxima en Javier Duarte, pues supone que así sus errores se ven menos. O que enlodando a quienes le descubren sus enjuagues, modifica la opinión pública en contra.
Julen Rementería, en todo caso, es proclive a los impuestos, pero lo dice de frente. Duarte, en cambio, usa el doble lenguaje para engañar.
 
Entre los mismos priistas hay división de criterios. Ricardo Ahued Bardahuil es quizá el único congruente. Advierte que no votará en forma automática ni con la línea del PRI. Dice que nadie le da línea y que si tiene que ir contra su partido, como ya ocurrió cuando era diputado federal, lo hará.
 
Otras, como la diputada por Cosoleacaque, Gladys Merlín Castro, también muestran el cobre. Dice que no hay tal incremento de impuestos y que las modificaciones fiscales no le afectarán al pueblo, a los municipios o al gobierno estatal. Lo que pasa, dice la legisladora, es que los diputados del PAN no saben leer y confunden a la sociedad. Así de cerebral.
 
Muy pobre la argumentación de  los priistas, hasta ahora en nada han vulnerado la argumentación de Julen Rementería: el gobernador Javier Duarte trae un doble discurso; dice que no habrá más impuestos y envía leyes donde se incrementa la tributación, y es evidente la desesperación por sacar de dinero de donde sea, y si es del pueblo, mejor.
 
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